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UN NUEVO MUNDO SE AVECINA

Por Lopez | Noviembre 4, 2008

UN NUEVO MUNDO SE AVECINA

El  final del consenso de Washington.

Dr. Carlos E. López García.

Introducción.

En grandes trazos, terminada la segunda guerra mundial, el mapa del mundo recogió dos propuestas de vida social. Por un lado, la que postulaba el conjunto de países socialistas, y, por la otra, la que lideraron los Estados Unidos del Norte de América. Para los países de América Latina y, en particular, para los países de Centroamérica, el contacto con estas realidades se dio en el medio de la guerra fría que enfrentó, principalmente a las dos superpotencias principales, la URRSS y USA.

En el caso de Guatemala, después de largas dictaduras liberales estructuradas a partir del año de 1871, se produjo la Revolución del 20 de octubre de 1944, que instauró un nuevo régimen, democrático, en donde tuvieron cabida por vez primera las demandas de los obreros y de los sectores indígenas de la población. Ubicada esta Revolución en el medio de la citada guerra fría, su acercamiento ideológico con las corrientes socialistas ubicó a nuestro País fuera de los planes de captación de la gran potencia norteamericana de la época.  Esta situación favoreció la conspiración de los grupos más retardatarios nacionales para derrocar al segundo gobierno revolucionario constituido en 1950 y conducido por el Coronel Jacobo Arbenz Guzmán. De 1954, fecha en la que fue derrocado, a 1963, se instrumentaron fraudes electorales que marcaron la ascensión de gobiernos proclives al capitalismo norteamericano. En este último año, el Ejército de Guatemala asumió institucionalmente el poder ejecutivo. Esta instrumentación pudo conservarse hasta finales de los años setenta, en los cuales se experimentó una fuerte crisis de gobernabilidad y de carácter socioeconómico que coincidió con los albores del final de la guerra fría.

El final de la misma, considerada por los sectores mas conservadores como un triunfo del sistema capitalista de libre mercado sobre los planteamientos socialistas, les llevo a instrumentar, a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, un decálogo conocido como el consenso de Washington, que alineó a los países dependientes, particularmente Guatemala, alrededor de la primacía del mercado, dejando de lado las ideas de raigambre social y contrayendo a su mínimo vital al aparato del Estado.

Así, de manera desregulada, el mercado se sintió libre para cometer cualquier clase de tropelías sociales en nombre de una cacareada libertad que, desde luego, funcionaba como necesaria a un modelo de acumulación excluyente que polarizó la convivencia social, dejando de una parte enormes concentraciones de capital y, de la otra, espantosos cuadros de miseria.

Esta situación, afortunadamente, solo ha podido conservarse en su carácter extremo durante aproximadamente, 20 años.

Desde finales del siglo XX aparecieron las primeras señales de una situación artificial que trasladaba las mayores formas de la explotación del trabajo a grupos restringidos de la sociedad agrupados alrededor del sistema financiero. El proceso mal llamado de mercado que trasladaba el valor agregado desde los procesos productivos hacia las instituciones financieras, pretendió la ilusión monetaria de crear dinero por medio de dinero. En contradicción con la propuesta de Piero Srafa que postulaba la creación de mercancías por medio de mercancías para establecer la medida del valor producido o, lo que es lo mismo, el trabajo total medido por los componentes de trabajo, el postulado financiero pretendió crear dinero por medio del dinero, fomentando un gigantesco aparato de oropel, piramidal, al estilo de Las Vegas, que termino por rodar estruendosamente de manera oficial en los anuncios de Wall Street del 15 de septiembre de 2008.

De hecho, las instituciones del Estado de los Estados Unidos de América, han situado fondos por un monto de 320 billones de dólares a favor de los grupos financieros quebrados estrepitosamente. El gobierno de George Bush pretende adicionar 700 mil millones de dólares para completar el rescate financiero de Wall Street, haciendo el traslado de las enormes perdida sufridas por el sistema financiero sobre las espaldas de los contribuyentes norteamericanos e, indirectamente, sobre el resto del mundo a través de las instituciones comerciales y de crédito de carácter internacional y particularmente de las transacciones mantenidas en las diferentes bolsas de valores. Asimismo, mediante la devaluación no declarada del dólar, que, al no admitirlo, continúa sacando ventaja de su conversión con otras monedas. Este cuadro esta dando lugar a escenarios inéditos de la organización social planetario que trataremos de puntualizar seguidamente.

 

UN NUEVO MUNDO SE AVECINA

1. Desde las posiciones ideológicas y políticas consideradas como “de derecha”, el crack financiero se atribuye a errores técnicos de la banca norteamericana, atribuyendo el origen de estos errores a una tasa de interés reducida que provocó la fiebre de las construcciones hipotecarias. Confunde la masa con la tasa, ya que es a la primera a la que apostaron los banqueros para instrumentar las hipotecas. Lo que descuidaron, aparte de la ausencia de regulaciones, fue la trasgresión de los valores del mercado que adquiriría una sobre oferta de vivienda, misma que desbalanceò el monto de los préstamos con el valor de tales viviendas. De esta manera, para los deudores resultaba más rentable no pagar las hipotecas, adquiriendo otros bienes inmuebles que pagarlas al sobreprecio fijado por los bancos. Pero también, no contar con los fondos necesarios para cancelar deudas infladas artificialmente. Para los tenedores de los papeles hipotecarios, adquiridos con la intermediación bancaria bajo la oferta de intereses relativamente altos, convertir esos papeles en dinero líquido era prácticamente imposible puesto que los fondos bancarios no captaban los pagos referidos.  Considerado todo esto como errores técnicos o falta de previsión de los banqueros, su solución se encuentra en el ajuste contable y la disponibilidad de fondos frescos, como lo plantea el gobierno norteamericano al apoyarlos con 700 mil millones de dólares.

 

2. Desde las posiciones que se agrupan en el pensamiento de izquierda, el crack financiero norteamericano es una señal del derrumbe de la hegemonía mundial mantenida por los EEUU desde el final de la 2ª, guerra mundial y que se consolidó al término de la guerra fría.

No obstante, a excepción de las iniciativas tomadas en el sur del continente americano, justamente con la implementación del Banco del Sur, las izquierdas, como organizaciones sociales o como partidos políticos, no han presentado alternativas o propuestas especificas para cubrir el espacio social y político que se abre ante ellas. De acuerdo con Saramago, amen de las protestas ante el estado de cosas manejado bajo la égida del Consenso de Washington desde la ultima década del siglo XX, la izquierda no se repone de los efectos, posteriores a la finalización de la guerra fría y, con ella, como hechos de mayor simbolismo, la caída del muro de Berlín y la disolución de la antigua URSS.

 

3. En la situación actual del mundo, desde el primer minuto que empezó a correr el día 15 de septiembre de 2008, las oligarquías internacionales, particularmente las ligadas al sistema financiero mundial, comenzaron a perder la soberbia que las había caracterizado desde el término de la guerra fría, repito, y que les hizo sentir el triunfo de su proyecto concentrador y excluyente. Esta prepotencia, por razones históricas había sido más notoria en los países de menor desarrollo relativo, en donde los abismos entre los que más tienen y los que tienen poco o nada, han sido espeluznantes. Carlos Slim, el principal magnate mexicano, considerado el tercer hombre más rico del mundo, confesó haber perdido, con el derrumbe de Wall Street, la mitad de su fortuna. En el caso de Guatemala, la reducción del Estado no ha sido suficiente para las ambiciones del mercado y han intentado manipular todo lo relativo a su funcionamiento, al grado que en la administración pasada, la del presidente Oscar Berger, los principales funcionarios públicos procedían y eran nombrados por la cúpula empresarial.

 

4. Este retroceso o paralización cupular respecto de la cosa publica no ha tenido equivalente en los sectores sociales deprimidos ni en los partidos políticos de izquierda, que contenga una nueva posición respecto de lo que se puede y debe hacer con un Estado que cobra de nuevo beligerancia en los países del llamado primer mundo y particularmente en USA. Pareciera que se espera que la descomposición interna del sistema capitalista imperante arroje las nuevas formas de la relación política, y no que esas formas sean el resultado de la acción de los grupos sociales hasta ahora marginados. No existe, como ya señalamos, el proyecto alternativo que ocupe el lugar o la modalidad nueva de esa misma relación política.

 

5. De aquí que el sistema, por si, a pesar de sus contradicciones, no va a ceder fácilmente las posiciones hegemónicas que detenta a lo largo y ancho del planeta. Mantendrá y controlará, con alto nivel de probabilidades, el sistema de producción capitalista. O visto desde otro ángulo, el control de la producción. En donde se muestra débil como resultado de la crisis financiera mundial y el traslado de los bancos, en su mayoría, a la propiedad del Estado, es precisamente en el control que ha ejercido sobre de éste. El candidato Obama lo señala con escrupulosa claridad, en el segundo debate sostenido con McCain respecto de las causas de la caida experimentada en Wall Street: “El gran problema aquí ha sido la desregulación” en el sector financiero, no dejando lugar a dudas sobre el papel que debe jugar el Estado norteamericano a partir de esa debacle. Este es el espacio inmediato que deberán trabajar los partidos políticos y los movimientos sociales para forjar su plataforma de lanzamiento de los cambios que propugna: el fortalecimiento del Estado.   

 

6. Por supuesto que las organizaciones de izquierda no pueden conformarse únicamente con este nivel de avance, pero dadas las desuniones que existen en su interior y que debemos reconocer, este acuerdo es el mínimo alcanzable para discutir juntos el programa de recuperación social que se impone en las nuevas condiciones sociales y políticas abiertas a partir de la crisis financiera internacional.

 

7. El envejecimiento de las tesis de Marx.

De acuerdo con su obra cumbre, El Capital, y refrendado con abundancia en los tres tomos sobre La Plusvalía, dicho concepto nace de lo que Marx denomina el trabajo impago. Este consiste en el tiempo de trabajo no remunerado que se ubica por encima del trabajo necesario para producir sus propios medios de vida. Es decir que, si el obrero, con su trabajo puede producir en un tiempo determinado, por ejemplo 6 horas, lo necesario para reproducir sus medios de vida y los de su familia, cualquier tiempo por encima de esas seis horas no podrían ser cubiertas o pagadas si tiene la obligación de entregar el producto total a terceros. Así, en ese mismo ejemplo, si labora 8 horas, las dos horas adicionales estarían siendo apropiadas durante el proceso mismo de producción. Siguiendo con ese enfoque, el capitalista alegaría estar pagando el tiempo completo de trabajo pero se estaría apropiando de una parte de él. La tasa de explotación obtenida en ese proceso seria de 2/8. Es así que esta tasa de explotación determina la tasa de ganancia que, a su vez, determina la tasa de interés. Esta tasa de interés corresponde al capital que su propietario sustrae del sistema productivo y que lo destina al financiamiento de proyectos de índole no necesariamente productivos. P.e., mantener el boato de los reyes.

Pero estos hechos se refieren a la época inmediatamente posterior al nacimiento del capitalismo, de la gran revolución social que terminó con la renta de la tierra obtenida por las clases ociosas que vivían de la detectación  de grandes extensiones de la misma.

El desarrollo del capitalismo propició el desarrollo de la banca y con ella, la entronización del sistema financiero. Este, como tal, se ocupó de financiar los grandes proyectos del Estado en desarrollo y de la industria en expansión. En una etapa crucial capitalista, desapareció de la escena el ya anticuado burgués (situación no prevista por Marx),  que fue sustituido por un mayor numero de propietarios de los medios de producción a través del sistema accionario o de tenencia de acciones con un valor nominal que mas adelante pudo cotizarse, a la baja o al alza, en un mercado especifico accionario. El sistema financiero, como tal, se convirtió en el financista de los productores. De acuerdo a su tamaño, estos productores eran al mismo tiempo accionistas de la banca o, en el caso de las pequeñas y medianas empresas, únicamente sujetos de crédito. El capital productivo, como tal, dejó de existir y, en el mejor de los casos, se convivió en la inversión inicial de proyectos productivos, en su lugar se constituyo el capital de trabajo, aportado por los bancos.

El cambio fundamental del sistema capitalista, entonces, lo constituyó la superposición del capital financiero por encima del capital productivo. Ya no fue, como en sus inicios históricos, la tasa de explotación definiendo la tasa de ganancia que, a su vez, determinaba la tasa de interés sino que el proceso se invirtió: fue la tasa de interés la que definió la tasa de ganancia que determino la tasa de explotación. Como vemos fácilmente, si la tasa de interés puede determinarse a capricho, sin el necesario respaldo productivo, los pretendidos valores reales producidos por la banca son en ultima instancia, valores ficticios. La única manera de mantenerlos al alza, como se pretendió durante el periodo cobijado por el Consenso de Washington, fue mediante el incremento constante de la tasa de explotación, y, de manera particular, en los países dependientes.  De aquí la enorme brecha formada entre ricos y pobres y los niveles escalofriantes de la pobreza extrema y la acumulación desmedida en tan pocas manos en el mundo. 

 

8. La opción del Estado.

La misma dinámica muerdecolas, ha puesto en jaque a la referida ilusión monetaria que de golpe y porrazo ha resquebrajado a un sistema financiero sin control alguno. Todas las miradas han sido puestas en el Estado, hasta hace cerca de 20 años colocado en la picota del Mercado y hoy constituido en el único salvavidas posible. Como se refiere supra, cerca de mil millones de dólares provenientes del Estado, provenientes de los impuestos y el trato desigual con el resto del mundo, han reiniciado el rescate bancario adquiriendo papeles basura del sistema, los cuales enfrentados a un nuevo mundo sin espejismos han obligado al Estado a canjearlos por acciones de los mismos bancos que se pretendía salvar. La incógnita que se abre hacia el futuro es la duración que tendrá esa apropiación de la banca por parte del Estado, dependiendo de manera fundamental de la opción ganadora en las elecciones presidenciales estadunidenses. De su decisión de fondo de eliminar de tajo los rezagos sociales en el mundo o de continuar la expoliación planetaria en lo que sigue del Siglo XXI.

 

 

 

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