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SOBRE EL ESTADO Y LA NACIÓN

Por ANN | Julio 26, 2008

SOBRE EL ESTADO Y LA NACIÓN
Apuntes epistemológicos para una Sociología Política de la diversidad social:
Hacia la construcción de un pensamiento social.

Dr. CARLOS E. LÓPEZ GARCÍA saesigloxxi@yahoo.com

I. EL CONTEXTO

-El Estado-Nación

Un mundo tan convulsionado con una crisis global igual o mayor a la que se experimentó en 1929, ha sembrado el desorden en la constitución y en la concepción del Estado y la nación.  Ha puesto en dudas dónde termina uno y principia la otra, o bien, dónde empieza y termina la segunda y se identifica al primero. Y no es que este problema sea enteramente nuevo, sino que es el problema que aparece prioritario en el  caos que surge, paradójicamente, con el final de la guerra fría. Cualquiera haya sido el orden alcanzado en el mundo hasta antes del final de ese largo período, lo que se rompió, probablemente para siempre, es la creencia generalizada en certezas alcanzadas en el transcurso de la historia, entre ellas, en lo que atañe a nuestro tema, la antigua consolidación de los Estados nacionales: el Estado-nación como la forma más acabada de la organización social. Prueba de ello es, de manera puntual, la disolución de la antigua URSS, la fragmentación del centro de Europa, y otros cambios similares que han alterado la geografía del mundo. La discusión entre capitalismo y socialismo o comunismo, ha quedado enterrada. No se sabe hoy, a ciencia cierta, lo que más le conviene a la humanidad.  Las señales de inconformidad con un cierto nuevo orden mundial son cada día mayores pero la propuesta de otro que lo sustituya no aparece. Se sabe lo que no se quiere, pero no se define lo que se quiere; ergo, ¿cómo construirlo?. Un cierto fatalismo consume a gran parte del planeta mientras que otra parte se aferra de nuevo a pensamientos rígidos (ideología pura), que le puedan dar sentido de identidad a los grupos sociales. De aquí el fundamentalismo en boga.  Empezamos a descubrir o a redescubrir que los relojes del desarrollo social marcan horarios muy diferentes en las agrupaciones sociales del mundo, por cierto, detenidas hoy con alfileres o por el temor a lo desconocido o por la violencia, el engaño o el chantaje de quienes las dirigen. Y no me refiero al aparato estatal propiamente sino a la diversidad de formas como se produce la despistada conducción social, en cuya acción juegan hoy un papel de primer orden los mass media, los organismos no gubernamentales y quienes se autoproclaman representantes de la sociedad civil.  Probablemente, el mundo se haya convertido en una enorme torre de Babel en donde los significados de su percepción sean muy diferentes de una a otra cabeza individual y colectiva, de uno a otro grupo social que ha vivido siempre (pero que hoy se constata) en lo que llamamos culturas diferentes. Lo que puede ahondar aun más gravemente el problema es la disociación entre dirigentes y dirigidos, la imposibilidad de utilizar los genéricos como algo que identifique culturas o países, incluso costumbres. 

II: ALGUNAS HIPOTESIS
A manera de hipótesis, la mayor discusión acerca del mundo que se presenta en el nuevo siglo es si se trata de un mundo pensado -leyó correctamente, un mundo pensado- o de un mundo objetivo. Dicho de otra forma, si se trata de la visión subjetiva de las relaciones sociales o si éstas pueden ser aprehendidas en su esencia. Y de una manera adicional, si podemos distinguir con claridad entre lo bueno y lo malo y si nuestro destino, como humanidad, es adherirnos a los equipos que consideremos están formados por los buenos.  La antítesis de lo dicho es que la objetividad es relativa porque, necesariamente, pasa por la subjetividad, por la conciencia de que algo es, que existe. En este sentido, de que las relaciones sociales son eso: relaciones sociales y que están impregnadas, al ser subjetivas, de lo que para algunos constituye lo malo y para otros lo bueno, y al revés.

-La conformación de identidad

De otra parte, si los procesos de identidad individual están inmersos en si mismos o son también procesos de identidad nacional o si existen diferencias cruciales entre ambos, en los que la identidad individual está únicamente ligada a los intereses personales sin relación clara con los nacionales, en los que no se funden ambas como siempre se creyó. De aquí la cuestión crucial de las representaciones. ¿Representan los líderes a sus comunidades? O, por el contrario, ¿son el resultado de la indolencia común por los destinos grupales? ¿Sólo se representan a sí mismos?

-El eje está en la confusión, en el pensamiento social de las nociones de Estado y Nación como problema prioritario y la sensación de caos que deja el final de la guerra fría con la ruptura de certezas alcanzadas al nivel de las ideas. De aquí  el consecuente sentido de pérdida de identidad.

Otra hipótesis que no es alternativa sino complementaria en la continuidad del pensamiento de Comenio, ¿estamos volviendo a los orígenes?. Si esto fuera cierto, las primeras explicaciones de nuestros antepasados más antiguos estarían cobrando una vigencia inusitada. Y la fe, la creencia en algo capaz de orientar nuestras vidas y mantenernos pertenecientes a algo, el sentido de pertenencia, habrá cobrado la fuerza que siempre tuvo en las organizaciones sociales de carácter primitivo.
 
-El pensamiento social
-Los relojes del desarrollo social no concuerdan en los horarios de las agrupaciones sociales del mundo.

Como una cascada de hipótesis:  esto nos lleva a la formulación de otra que ya se apuntaba al principio, ¿Cómo podemos establecer los ritmos de desarrollo del pensamiento, que evidentemente no es simultáneo, dentro de los grupos sociales, dentro de los países y, lo que es nuestra mayor preocupación, dentro de los Estados?. Todavía más, ¿cómo se dan esos niveles de desarrollo entre diferentes sociedades, diferentes países, diferentes Estados, diferentes geografías?

II. PROPUESTAS DE TRABAJO

-La propuesta  va en torno a las ideas de las que arranca la historia social mundial: la transformación del mono en hombre y la creación del hombre como acto Divino. Y desde la noción y percepción de caos del Siglo XXI se regresa a la del caos del inicio del mundo.

Los anteriores apartados me sirven para adelantar algunas posibilidades de estudio. Nuestra historia social mundial, la más conocida o la escrita, arranca desde la idea de la transformación del mono en hombre y, simultáneamente, desde la creación del hombre como un acto divino. Previo en ambos, la conformación de un espacio habitable originado en gases(Laplace) de un lado, o la creación de ese espacio por un acto divino en el tiempo que equivale hoy a seis días, que quedaron como norma laboral, como prueba que así como se cansan los seres humanos, también se cansan los seres divinos, que necesitaron el día séptimo para el ocio.

-El caos, ¿se encuentra fuera de la naturaleza humana o es la forma como sus sentidos lo perciben al no tener referencias mentales capaces de ordenarlo?
-Y aquí una hipótesis sobre el pensamiento social y la noción de sociedad organizada: ¿dialécticamente, se trata de una organización del pensamiento de la desorganización en la praxis?

En ambas formas de referirse a los orígenes, lo que reinaba en un principio era el caos. Y para poder organizar la vida, era necesario terminar con él. Primera cuestión ¿Ese caos existía fuera de la naturaleza humana o era la forma como sus sentidos lo percibían al no tener referencias mentales capaces de ordenarlo? Esa ausencia de referencias mentales organizadas es lo que hoy denominamos asombro. ¿Era porque se le presentaban en tropel o porque mantenían una desorganización per se?. Entonces, ¿salir del asombro consiste en aprehender formas nuevas de organización de lo desconocido que lo convierte en conocido? Esa organización ¿es una organización de las ideas, la invención de las referencias mentales, o una organización de las cosas? Y lo que más preocupa, ¿es la organización de las ideas de unos cuantos o es la organización de las ideas sociales?. De aquí, ¿qué significado tiene la afirmación o las referencias al pensamiento social?, ¿Existe como tal?, ¿Cómo podemos desligar este pensamiento de la organización o el orden que de él presentan los medios?

-Sobre la relación del hombre con el mundo del nuevo Siglo, un mundo pensado, un mundo objetivo o los dos. Si se trata de una visión subjetiva de las relaciones Sociales (¿de quien y como está conformada esa subjetividad?) y si pueden ser aprehendidas en su Esencia (¿por quién y para qué el papel de las Representaciones sociales?.

¿Podemos hablar de una sociedad organizada de tal o cual manera? O es, justamente, lo dicho, ¿una organización en el pensamiento de la desorganización en la praxis?. O, ¿se trata de formas de organización superpuestas y mantenidas únicamente para la producción y reproducción de la vida material, que le hizo llegar a Marx a la conclusión de que como vivimos es como pensamos?

De lo que sabemos, muchos grupos humanos se organizaron a partir de ideas primigenias que identificaban a un ser superior detrás de ellos:  este ser superior marca el orden de las relaciones y el desarrollo social.  Pero como las relaciones directas sólo podían darse entre hombres y dioses dentro de la mitología, fuera de ella había representantes de ellos, o de él en las religiones monoteístas, que se encargaban de transmitir a los hombres el deseo de los dioses.  En la época de los reyes, la representación de la voluntad divina pasaba por el reconocimiento, antes, durante y después de sus mandatos, de los representantes de Dios en la tierra. En el caso de Occidente, por el reconocimiento papal. Había pues una exogenización del Estado, entendido éste como toda forma avanzada de organización social.  Si seguimos el pensamiento occidental, radicado principalmente en Europa, asistiremos a un proceso de endogenización del Estado que culmina en la organización de la vida democrática.  Esta vida democrática de la organización de la vida social por medio del Estado, rompe primero con el absolutismo monárquico, separa a la Iglesia del Estado, instituye el voto universal para la conformación del Nuevo Estado y fundamenta sus límites en lo que hoy conocemos como territorios nacionales. Ambos, territorio y nación, constituyen el espacio de fundamentación y atributos del nuevo poder establecido. Todas estas ideas, hegemónicas hoy a lo largo y ancho del planeta, pasan a formar parte del acervo histórico de la civilización moderna. Pero este sencillo resumen de la incesante lucha del ser humano con el caos en el que habita, no fue necesariamente un logro de la sociedad global; fue el logro de quienes, casi de manera hereditaria, la dirigieron desde el principio.  En ese sentido, el ordenamiento social continúa siendo un resultado del pensamiento más que un resultado de la praxis.  Prueba de ello es lo que asentamos en otra parte de este ensayo, la conclusión de las ciencias sociales sobre la separación de Iglesia y Estado que continuó siendo un propósito de vida alcanzado plenamente en las formas del pensamiento dominante pero ausente en la praxis y el pensamiento social.  La vida social cotidiana siguió dominada por una invocación última a los poderes divinos y un llamado frecuente para su intervención en todos sus asuntos. Estas diferencias entre un pensamiento hegemónico global y un pensamiento anclado en las creencias sociales, también a escala global, son parte de la gran cuestión planteada por Jacobo Rousseau respecto de la imposibilidad democrática de preguntar a todos los ciudadanos sobre todos los asuntos del Estado cada vez que fuera necesario. A esta dificultad agregaríamos también la imposibilidad de los gobernantes para mantener comunicación directa con cada uno de sus gobernados. De aquí el sistema de las representaciones y el mecanismo de las elecciones. De acuerdo al propio desarrollo de las ciencias sociales, se descubre en los gobiernos locales y la autonomía comunal la posibilidad de una mayor comunicación entre la base social y sus dirigentes; pero, de acuerdo a las expresiones cotidianas de la vida social, esa forma de comunicación rápida entre los poderes que la organizan y la sociedad, sólo puede ser patrimonio de Dios.

-El papel de los mass media en la conformación de la cosmovisión del mundo para orientar una ética: inconexo, desorganizado, y con la manipulación maniquea del bien y el mal.
-La conformación de una identidad individual-nacional y el papel de las representaciones en su conformación.
-Los líderes y el papel de las representaciones sociales (indolencia común de los destinos grupales).
-El ejemplo de los mayas.
-La vuelta a los orígenes y el sentido de pertenencia y cohesión: las formas religiosas, fe, creencias de carácter originario.
-Sobre los ritmos de desarrollo de pensamiento no simultaneo dentro de grupos, países, estados, geografías, la hipótesis de la diversidad que retoma la metáfora.

Y esto es probablemente lo que integra el fondo del debate mundial sobre el futuro del planeta. Y ésta podría ser la dicotomía entre las maneras de una integración entre lo objetivo y lo subjetivo del conocimiento humano. Éste también es el debate entre la integración del Estado -sujeto objetivo del conocimiento- y la nación -sujeto de la subjetividad social-, con valores y formas de cohesión no radicadas necesariamente en la llamada objetividad de la vida cotidiana sino justamente en la subjetividad en la que se desarrollan todas las relaciones sociales. Esta simbiosis, probablemente de la manera más acabada en que se nos presenta, pudiera estar contenida en la fundamentación del origen, formación y destino del pueblo judío, cuya historia aparece más cercana a una determinación precisa de un orden que forja primero una nación y luego la organiza y que ambas formaciones, nación y Estado, son resultado de una decisión divina en la que transcurren casi 4 mil años de su historia. Toda esta concepción, y su choque con los supuestos avances de las ciencias sociales occidentales, que niegan incluso la subjetividad como parte del conocimiento (que como anotamos, alcanzan en el desarrollo de su pensamiento la separación Iglesia-Estado), pudiera estar en las raíces de lo que comúnmente hemos llegado a conocer como antisemitismo y que a lo largo de la historia se ha presentado de distintas maneras, que aparentemente combaten a una determinada raza humana, hasta el grado de que intenta su aniquilación física, pero que no logra destruir lo vital, porque no lo ve y es lo que le causa confusión, la síntesis de lo subjetivo y lo objetivo, la praxis, en el pensamiento de toda una nación. Así, el problema de fondo no es como señalamos, un antisemitismo animado por un deseo primario de destrucción física sino un antisemitismo dominado por la pretensión de borrar del pensamiento una síntesis subjetiva y objetiva que, por comodidad, sólo puede separarse en la presentación de un pensamiento dominante, de carácter supuestamente científico.

III. UN DEBATE UNIVERSAL
-Israel y su historia en la conformación del Estado y Nación permanentemente asediada, así como el origen del antisemitismo en la conformación del Estado judío.
-Israel como campo de batalla universal de problemas hegemónicos basados en la necesidad de consolidar un territorio político antes que físico.
-El papel histórico-político del holocausto que buscaba eliminar una cosmovisión referida al pensamiento social y objetividad, la praxis, frente a otra cosmovisión que los separa.

Así, el caso de Israel es la cuestión sui géneris de una nación, acaso la más antigua, obligada a construir un Estado, acaso el más moderno, en donde el problema de fondo es el albergue de una nación permanentemente asediada. Su nacimiento como Estado coincide con el final de la II guerra mundial y con las motivaciones subsecuentes de la guerra fría. El Estado de Israel se plantea como un lugar seguro para proteger a la nación judía. No se plantea la integración de muchas naciones, aunque tampoco se excluyen, sino la preservación de la suya. Se trata de una nación milenaria expulsada de su hábitat natural y de todas las latitudes del viejo mundo. Su planteamiento histórico original como nación, no fue construir un Estado sino el de integrarse a otras naciones y Estados guardando sus propias peculiaridades. El problema de otras agrupaciones sociales es el contrario: cómo constituir naciones a veces distintas en territorios comunes, mediante la construcción simultánea de una organización estatal que excluye a otras naciones. Al final, cuando las circunstancias históricas particulares obligaron al pueblo judío a construir el Estado, aparece enfrente una nación armada rápidamente para disputarle el territorio, la solución que parece fácil, la integración de dos naciones fundamentales en un solo Estado no es una solución viable en las condiciones de los intereses internacionales, justamente porque  ese no es el origen de su desavenencia.
La desavenencia que se presenta formalmente es territorial, aunque responde a la manipulación de intereses de dominio mundial que destinan el medio oriente como el campo de batalla universal dónde resolver sus problemas hegemónicos. La lucha es entonces por consolidar un territorio político antes que un territorio físico. Paradójicamente, la idea de nación palestina, desde fuera, se fundamenta en la idea de ocupación territorial. Misma que conviene, de nueva cuenta, al deseo del exterminio de la nación judía, de sus formas de pensamiento, mantenida durante la guerra en el viejo continente. Insisto, lo que se intenta eliminar son las formas del pensamiento con la eliminación física de donde éste pueda asentarse, así sea un territorio o un cuerpo. El holocausto no buscaba, principalmente, la eliminación de los judíos como tales sino la eliminación de su visión del mundo. Se buscaba la destrucción de sus almas.  El problema para los antisemitas fue que esa destrucción era de algo que estaba asentadao en las mentes, radicadas en los cuerpos. El nuevo antisemitismo, más avanzado por un lado y más controlado por otro, no se atreve a expresarse en estos términos pero actúa dentro de sus patrones.
Aun cuando se reconoce la convivencia social entre quienes sostienen su mundo en las creencias divinas que parten de un Dios específico para cada caso, vis a vis las creencias en un origen y destino material,  sigue presentándose como un gran logro histórico, en la formalización de las ciencias sociales, con la separación de Iglesia y Estado, formulada  principalmente en la obra de Nicolás Maquiavelo. Hoy día, las cuestiones éticas del Estado, originadas en los sentimientos religiosos, ante la ola de su presunta corrupción, recuperan buena parte de la influencia de la Iglesia, pero en el discurso se sostiene su separación. Quienes vivimos la llamada cultura occidental, sabemos de la persistencia de un cierto orden mundial cristiano a través de la Iglesia Católica asentada en El Vaticano. La influencia del Papa no sólo lo es en el terreno puro de la espiritualidad creyente sino en las formas de gobierno del mundo. Su disputa con las creencias originales asentadas en el Judaísmo marca un territorio más o menos común, donde se conserva un Dios de origen judío pero se rechaza el judaísmo. La ocupación romana de los territorios judíos cierra todo un capítulo de la historia universal con el derrumbe del Imperio; éste cesa como tal, pero la disputa ideológica continúa a través de la Iglesia Católica que se asienta en Roma.

Parafraseando a Klausewitz en De la guerra, la religión es la continuidad de la disputa del dominio político por otros medios. No obstante, pegándonos más al mismo autor, las Cruzadas podrían representar a la guerra como continuidad de la disputa espiritual religiosa, por otros medios. Un elemento que tercia en ella lo constituye el protestantismo, que concursa por la hegemonía del espíritu frente a la Iglesia Católica, pero que, con la creación de los Estados Unidos de América donde juega un papel de primer orden, vuelve al terreno de la disputa por el poder político a escala mundial.
Europa reconoce la existencia del catolicismo avalado por la vieja Roma y del Protestantismo surgido en sus entrañas, pero entra en contradicción con el judaísmo que procede de otras latitudes. De aquí, tal vez, las raíces del antisemitismo que España transmite a América. Las naves de Colon transportan una ideología de dominio, el catolicismo, pero transportan también la legitimación de éste en Europa, con el antisemitismo: ”los judíos mataron a cristo”. Nuevos elementos histórico-sociales enrarecen el antisemitismo. Durante siglos, en Europa, la separación de los judíos de la propiedad de la tierra y el despojo de su calidad de ciudadanos, les obligan a ocuparse, principalmente, del comercio y de las finanzas, donde desarrollan una enorme capacidad. Entonces el antisemitismo cobra no solo las dimensiones religiosas y políticas anotadas sino que aparece también como una disputa por la hegemonía del poder económico como tal. Siguiendo el pensamiento de Pilar Rahola, después del Shoan(Holocausto) que muestra la obviedad del antisemitismo de Alemania, el antisemitismo europeo encuentra una salida con la formación de un Estado Judío en el confín de la civilización occidental, posiblemente un Estado condenado a perecer en el desierto y rodeado de pueblos ajenos a Occidente. La gran sorpresa la constituye entonces su supervivencia y desarrollo y la vinculación creciente del medio oriente a los intereses de Europa, así como la renovada disputa hegemónica mundial. Reavivan las cenizas de un antisemitismo que había lavado su conciencia con la creación del Estado de Israel y lo pone de nuevo en la discusión frente a los Estados Unidos de América. La experiencia que deja la segunda guerra, que inhibe el contacto directo con una nueva, hace que la moderna oleada antisemita se canalice a través de una superposición de intereses de la antigua Palestina, entre palestinos musulmanes e Israelitas con predominancia judía. Detrás de ello, la irrupción en el mundo de las creencias que albergan a una considerable cantidad de ciudadanos del medio oriente. Para los antisemitas no importan los medios, ni las justas o injustas demandas de palestinos o musulmanes. Lo que interesa es el apadrinamiento de fuerzas que, con el final de la guerra fría, habilitan el planteamiento de formas diferentes de dominio en el escenario mundial y un espacio de contienda lo más alejado de sus propios países. La guerra sostenida por las cabezas de los países de Europa, no es del tipo bélico, sino que representa una síntesis ideológica entre la derecha y la izquierda, mezclada con resabios religiosos que no buscan adueñarse de espacios físicos en el mundo sino de espacios de pensamiento político en los que su rectoría sea la fundamental. En otras palabras, lo que la hegemonía de Europa busca es imponer sus formas de pensamiento, su percepción y su organización de un mundo pensado. Para los no europeos, la presión sobre cómo pensar su organización social, es tan sensiblemente dañina como lo fue la conquista sangrienta de América. El problema de fondo que se plantea desde fuera de Europa es que las formas del pensamiento son también, como asentara Marx, formas de producción, diferentes a la concepción europea de un dominio absoluto de la verdad absoluta, cuyo mayor antecedente lo constituye el positivismo, de donde se conforma el pensamiento político y social y que corresponde a visiones externas, hegemónicas  en las que subyace la noción de absolutos.

IV. GUATEMALA. ANÁLISIS DE CASO
En la continuidad de ese patrón europeo, se encuentra la formación social anclada en un hábitat conservado colectivamente en la época precolombina, pero, a contrario sensu con Israel,  alejada de constituir una nación.  De esta manera, la proyección de esta nación debe combinar, con las suyas (22 grupos hablantes),  las ideas y la agrupación social que transportaron los conquistadores españoles, y las mezclas de su descendencia, en lo que hoy es Guatemala. De la misma manera, la necesaria conformación de un Estado que los integre. Tanto la nación como el Estado, dentro del pensamiento europeo, aparecen desdibujados en la vida social guatemalteca, cuya delimitación geográfica agrupa a cerca de 12 millones de personas. Se encuentran divididos por mitad en el género masculino y femenino y por mitad también entre sus ancestros originarios y el mosaico que surge a partir de la conquista.

En esta consideración juega lo que muchos sabemos y todos callamos, acerca de supuestos dirigentes de pueblos como el caso de los llamados desde afuera mayas (cuya denominación, desde adentro, ignoran ellos mismos), quienes efectivamente, han sido sojuzgados y sometidos por otras civilizaciones, pero cuya ignorancia de las prácticas clientelares de Occidente, particularmente de Europa, los lleva también a no tener una mínima idea de quiénes son los líderes que se pasean por el mundo en nombre de ellos y que recuperan para sí el reconocimiento social mundial y el bienestar a los que humanamente tienen derecho, pero que no necesariamente significan, al mismo tiempo, el reconocimiento o el bienestar de sus representados o, mas bien, de quienes dicen representar. Aquí se da, en la práctica, el problema de las representaciones, que es el problema, al nivel de célula, de la nación y del Estado.

IV.1. La construcción del Estado
-La formalidad de su construcción.
De acuerdo a lo escrito en la ley general de Guatemala, alrededor de 5 millones de habitantes tienen derecho y obligación de decidir sobre su forma de gobierno y sobre quiénes deben conducirlo; es decir, en lenguaje sencillo y directo, de decidir sobre su Estado. El Registro de Ciudadanos contabiliza cerca de 4.5 millones de personas empadronadas y las expectativas son que acudan 2 millones a las urnas para expresar sus simpatías partidarias. El cálculo de los partidos políticos es que necesitan reunir UN MILLÓN de votos para alcanzar el poder, principalmente en lo que se refiere al Ejecutivo y el Legislativo. Hasta aquí, tendríamos cerca de un 7% de la población decidiendo sobre su destino.

Pero las cosas se complican en el interior de los partidos políticos. La oferta que estos hacen a los ciudadanos corresponde, en lo particular, a los intereses de grupos reducidos de la sociedad. Los más visibles son: 

A) por un lado, quienes se ocupan de los negocios, quienes dirigen la producción y quienes controlan las finanzas. La primera gran división de estos grupos se da, (a.1) entre quienes constituyen tradiciones de dominio, de antes y durante la guerra fría y (a.2) quienes aparecen como grupos emergentes surgidos en la etapa histórica del final de esa guerra fría.  Para estar a tono con lo señalado,  en el numeral  II, párrafo 4, esa división está asociada a la que se da entre católicos y protestantes. Para más pormenores, Y para ser más explícitos, entre quienes lidera la principal organización empresarial y quienes lideran la Iglesia evangélica. Esta opción agrega (a.2.1) un pacto con sectores populares del campo y la ciudad representados por antiguos líderes de izquierda, herederos de una de las partes de la recién finalizada guerra interna(1960-1996), que acompañó también el principio y el final de la guerra fría.  Su semejanza con medio oriente es que esta guerra interna constituyó el escenario de uno de los pulsos entre Oriente y Occidente por la hegemonía mundial.

Una suerte de mezcolanza de la representación de los intereses mencionados, lo constituye (a.1.2.) un partido que es desprendimiento del primero y que incluye también a sectores medios de la sociedad, la casi desaparecida clase media, y que se presenta como el Partido Unionista.

B)  La antigua izquierda política, (surgida y desarrollada en el apogeo de la guerra fría, y prácticamente desaparecida con su final, como la prueba filosófica de la unidad y lucha de contrarios, en donde la existencia de uno presupone la del otro), pasó a la categoría de ideología pura. Estar en ella es un acto de fe, constituye una suerte de religiosidad. En el campo de su acceso al poder público, aunque éste se amplíe, la pérdida de su brújula principal, la antigua URSS, les conduce por caminos diferentes al original que tenía como norte el Comunismo y con una importante estación en el Socialismo. Lo que queda en Guatemala está asociado a antiguos liderazgos que la legitiman y a nuevos que, en la medida de su desarrollo, le abren perspectivas. En todo caso, son pequeñas capillas cuya muerte definitiva la constituirá un hipotético acceso al poder que mostrará a sus seguidores la obvia diferencia entre el discurso y los resultados. Ser de izquierda es, principalmente, estar en contra del paradigma de opresión social que se estableció en los años sesenta en contradicción al paradigma soviético, o de la China de Mao, conocidos a través de su difusión panfletaria.
Con ingenuidad doctrinaria, participa también un desprendimiento de esa izquierda que intenta agrupar no solo a las opciones de este segmento sino a los sectores medios y empresariales. Al igual que un globo a medio inflar, cualquier relevancia de una de sus partes implica la depresión de las restantes, el aire que contiene no modifica su volumen.
Durante el conflicto armado una importante masa de maniobra de la izquierda la constituyó su invocación de los pueblos indígenas. No se incorporaron líderes indígenas a la dirección del movimiento armado y la transformación de éste en Partido Político tampoco cuenta con esa representación sino sólo formalmente.

C)  En un acto de sana ingenuidad política, aparece un tercer sector integrado por empresarios con formación en torno a la necesidad de un Estado de bienestar, probablemente influidos por los orígenes de la formación de los Estados Unidos de América. Partiendo de elementos similares, proponen una salida que, desdichadamente, para ellos, tiene poco que ver con las formaciones sociales guatemaltecas. Se trata de partidos pequeños cuyos líderes son empresarios exitosos, líderes religiosos y políticos que participaron en la transformación del antiguo estado autoritario.

Los nombres de los líderes de las agrupaciones políticas, en todos los casos, son los que más pesan en el ánimo de sus seguidores y no el hecho de compartir proyectos comunes definidos.

La cuestión crucial del tema de fondo que debatimos es que esta identificación se realiza desde afuera y no constituye una declaración de principios de las agrupaciones mencionadas ni una plataforma política o un programa político de desarrollo del Estado. Los ideólogos de las agrupaciones funcionan únicamente cuando hay necesidad de formalizaciones escritas o verbales y no necesariamente forman cuerpos de pensamiento partidario.  Sus seguidores lo son porque existen lazos previos de relación social, familiar, religiosa o de vinculaciones originarias de la infancia. Existen zonificaciones de líderes que manejan algún número probable de votos sobre el ofrecimiento directo de beneficios personales a los votantes. La mayor parte del tiempo político, existe desvinculación con la masa, presencia de la cual se puede prescindir fuera de las fechas electorales. Esta masa, de todas maneras, sólo decide su voto en los últimos días antes de ser llamada a ejercerlo. Dado el nivel de analfabetismo de Guatemala, alrededor del 30% de la población total y más del 40% de la población que vota, ideltifica a los partidos con colores y con las fotos y los símbolos usuales, que es la información que precisa el votante para decidir su votación.  Lo que podría definirse, tal vez, como voto consciente, sería únicamente alrededor de un 40% de los votos emitidos. Lo que nos deja un conocimiento más o menos identificable sobre el tipo de nación y de Estado que desean los guatemaltecos en cerca de 800 mil personas, el 4.5% de la población.
Pero así como los grupos mencionados supra -en dónde destacan las agencias internacionales-,  se sienten adueñados de las decisiones que toma el Estado, también los comentaristas y personajes que acostumbra  entrevistar la prensa -siempre los mismos-, se consideran voces de una ciudadanía a la que nunca expusieron su pensamiento y menos obtuvieron de ella su representación, para autoritariamente señalar lo bueno, lo malo o lo que deberían hacer quienes por el tortuoso camino señalado acceden a la dirección de un confuso Estado y una desdibujada nación. Aquí estaríamos identificando voces que no reúnen una significación matemática digna de tomarse en cuenta y que sólo cuentan en la medida en que se asocian a intereses externos.

V. COMO AL PRINCIPIO

-Esta desorganización en la praxis, pudiera ser el papel de los medios en  la conformación mental (en el orden de la conformación del pensamiento social. Se piensa  socialmente desde la hegemonía de los medios. Y los medios dependen de los intereses hegemónicos). Pero la sociedad no vive como piensa sino piensa como vive. En la cita de Marx, el ser social determina la conciencia, como vivimos es como pensamos. Pero contradictoriamente, una parte cada vez mayor de la sociedad, vivimos prendidos a los Aparatos de TV que trasmiten y reproducen la desorganización, el caos. Pero este caos aparece organizado. O desaparece como tal.

Con sus excepciones, localizadas y reconocidas, el mundo de hoy se debate con las ideas que la gente adquiere en la capilla más cercana a su domicilio. O con las que se encuentra cada noche, en sus ratos de descanso, en el televisor de su casa o de la cantina. O simplemente con la indiferencia que deposita en quienes lo lideran o, peor aun, con la convicción de que ese no es asunto suyo;  y/o con la confianza de que todo se arreglará mediante la fe. Es posible que lo señalado en el estudio de caso, involucre a muchos otros casos en el mundo que han sido tan sólo el escenario o el instrumento de intereses ajenos. De muchos otros en dónde el planteamiento del Estado tiene poco que ver con el desarrollo histórico de Europa, del que se copia. En consecuencia, el planteamiento de nación constituye también una visión externa.
Por el contrario, en este ensayo mantenemos  como rasgo fundamental  la presencia de la diversidad. En ella, lo que resalta, puesto ya en la agenda del nuevo orden mundial, significa la vuelta a las formas originales de la organización social, caracterizadas por la exaltación de la religiosidad. Y que confiere de nuevo un papel a la religión en la disputa del dominio político. Una secuencia inversa de cuando se pasa de la “destrucción de almas” al de la ”separación iglesia-estado”. El alma del Estado, su cohesión y justificación no es sino la existencia de la nación, el sentido claro de pertenencia a ella y la solidaridad entre sus integrantes. No es relevante hoy, la separación del Estado y la Iglesia, de la fe. Antes bien, lo importante es la combinación de ésta, alma de su alma, con las formas acabadas de la organización nacional del Estado.
En el caso de Guatemala, en el mismo tenor del de Israel y el antisemitismo, podrían encontrarse semejanzas y diferencias en la construcción del Estado-Nación en los dos casos, destacando con el ejemplo, e interpretando con la teoría que de aquí se construye.
La desorganización,  en la praxis, reproduce una falta de organización en los esquemas mentales (ideas, referencias, nociones, etc.) incapaces de dar una visión a los actores sociales de sentido y pertenencia para que puedan concordar los relojes del desarrollo social con los horarios de las agrupaciones sociales del mundo en la conducción del siglo XXI. Hablamos entonces de diferentes concepciones del Estado, en grandes líneas: de uno desligado formalmente de la Fe y de otro necesariamente ligado a ella. Y ambos, aceptados necesariamente en el concierto de naciones a escala mundial. 
De aquí que la propuesta final de este ensayo sea el abordaje de las formas del pensamiento adheridas a las formas de vida. No se trata de la renovación de un marxismo vulgar que se erige sobre los esquemas de producción, sino del cambio de formas de pensamiento protagónicas por formas de pensamiento vernáculas. Tampoco se trata de construir el Estado a partir de las organizaciones religiosas sino de saber que ellas tienen un espacio en aquél. Dicho de otra manera,  la construcción de nuevos Estados permanece ligada a los esquemas mentales transmitidos generacionalmente a la vida cotidiana de quienes integran las diferentes asociaciones humanas, en donde las células familiares y comunales tienen un papel integrador de primer orden. No se trata de calificar si están bien o mal sino de saber que están, que son, que existen.

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