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GUATEMALA: LA CONSTRUCCION DEL PARTIDO POLITICO MODERNO*
Por ANN | Julio 22, 2008
Dr. Carlos E. López García saesigloxxi@yahoo.com
I
En la primera parte de la historia de los partidos políticos hay un parte aguas, una línea divisoria, que se ubica entre lo que era la Iglesia antiguamente, y lo que es hoy El Estado. Antes de esa división, antes de que se dividiera la organización de la sociedad de esa manera, se escapaba la posibilidad de identificar al Estado como hoy se le identifica y de identificar a la Iglesia como hoy se le identifica. Su división en campos específicos da lugar también a que aparezcan después con más claridad los partidos políticos. En las sociedades primitivas (y nosotros todavía tenemos bastantes rasgos), en las sociedades pequeñas, en las sociedades agrarias, las primeras formas en que se manifiesta la organización de la sociedad es normalmente a través de quienes tienen alguna forma de ascendiente sobre pequeños grupos sociales. Esas formas de dominio originalmente eran ejercidas por los sacerdotes, por los curanderos y, hasta todavía hace muy poco tiempo en Guatemala, por los médicos (que venían a sustituir la de los curanderos y la de los sacerdotes) cuya influencia era muy fuerte. Creo que todavía se mantiene algo de eso; en las sociedades pequeñas a donde primero acuden las personas cuando tienen un problema, es con el médico; no me refiero a un problema de medicina, sino a un problema de tipo general. Acuden con el médico del pueblo o con el sacerdote del pueblo o (ahora que estamos tan diversificados en materia de religiones) con quien está a cargo de una organización religiosa. Esto se ha observado en todo el mundo, y ese es el origen del mismo poder que desarrolla la iglesia y del mismo poder que se va gestando al interior de una parte de la sociedad, que se conoce como Sociedad Política y que se manifiesta de manera más clara en el Estado.
El Estado para nosotros es difícil de percibir, porque tenemos la tendencia de identificar al Estado con el Gobierno. Para muchos, Gobierno y Estado es lo mismo, pero sucede que el Estado es mucho más que el Gobierno. Vamos a tratar de hacer una primera definición, que sea sencilla, pero que se capte:
¿Qué es el Estado? El Estado es toda forma de organización que se da en la sociedad, justamente para vivir en sociedad. Ese es el Estado. Y ¿Qué es la Sociedad Civil? (Porque Sociedad Civil aparece contrastando con el Estado): La Sociedad Civil es cualquier forma de organización que se dé de la sociedad para producir allá donde está la producción (diría un viejo libro de Carlos Marx, La Ideología Alemana); allá donde está la producción está la sociedad civil; allá donde está la organización de la sociedad para relacionarse está la sociedad política. Entonces el Estado es eso, es toda esa forma de organización que se da en la sociedad para relacionarse; pero no sólo eso, no sólo las formas de organización virtuales institucionales, sino también las formas que se dan en el terreno del pensamiento. Porque nosotros, de una u otra forma, estamos organizados de acuerdo como pensamos. Si nosotros estuviéramos pensando como sociedades anárquicas, por ejemplo, entonces la existencia de la Ley no tendría ningún significado; pero como nosotros estamos en el pensamiento moderno, tenemos la idea de lo que es la Ley, las reglas, entonces estamos en una sociedad civilizada, en una sociedad con Estado. Quiere decir que el Estado es una forma orgánica, institucional, pero también es una forma de pensar y es una forma pensada. Por eso es que la educación constituye una de las partes fundamentales de la organización del Estado y, por extensión, todo lo que caiga en el terreno educativo es parte del Estado; aún las universidades privadas y, por supuesto, la universidad nacional es parte integral del Estado.
-Quiero hacer aquí un paréntesis- En este momento creo que vale la pena que meditemos en una cuestión muy actual: en una de las facultades de la universidad, en una de las escuelas universitarias, un sub-comité de huelga que organiza la conmemoración tradicional de la “Huelga de Dolores”, golpeó, me parece que fuertemente, a un matrimonio universitario, y la actitud del Comité de Huelga, en primer lugar, fue evitar que el resto de los estudiantes lincharan a los que golpearon al matrimonio; y un poco más serenos, la actitud fue pagar los daños hechos a la pareja. Posteriormente, hubo dos actitudes, una, disolver el Sub comité de Huelga, y la otra, cegarse totalmente, pretender, inventar, que hay una conjura contra la Universidad y contra la huelga que quiere destruir la celebración histórica de la huelga.
¿Por qué les estoy contando esto?, por una simple razón, porque los estudiantes todavía no se dan cuenta que son parte fundamental del Estado; si se dieran cuenta, sabrían que la sociedad no actúa de forma aislada sino que, de alguna manera, todos repetimos los comportamientos, estemos en el nivel que estemos, de la organización de la sociedad. Repetimos los comportamientos de la misma sociedad, porque somos parte de la sociedad y en este caso, parte de la sociedad política. Cuando un grupo - y esto tiene que ver mucho con el partido político -, cuando una sociedad se divide en segmentos o en sectas de la sociedad, entonces la actitud es sectaria. Una actitud sectaria lleva a proteger la conducta antisocial de los miembros de la secta y, cuando protegemos la conducta antisocial de los miembros de la secta, agredimos a la sociedad; y eso puede ocurrir en cualquier grupo de la sociedad, así se llame Ejército, se llame Policía, se llame Gobierno, se llame Partido, se llame Universidad, se llame Comité de Huelga.
El esfuerzo nuevo es, justamente, colocarse muy por encima de la secta o del grupo, inminscuirse en el seno de la sociedad e institucionalizar la sociedad. En este caso, con el proceso de democratización, la tarea primordial de la sociedad política es construir las instituciones sociales que den vigencia al Estado y que por ende den vigencia a la misma sociedad y a su proyecto político y social. Si nosotros debilitamos alguna institución, debilitamos todo el proyecto. Se debilita una institución cuando no son los fines de la institución los que se defienden, sino los fines de la secta. Uno es sectario cuando no le importa la calidad de los miembros de su organización, sino lo que le importa es e grado de afinidad que tiene con esos miembros; y, a la larga, lo que se daña es a la institución.
Entonces, la institución educativa es parte fundamental del Estado, porque es la que reproduce la idea del Estado, porque el Estado no sólo es algo tangible sino también algo pensado. Sobre el Estado debe haber una idea y por supuesto que debe ser la idea que corresponda, cada vez, al proceso en que la sociedad se encuentra y al nivel de avance de la historia y de desarrollo de la misma sociedad y de la historia.
II
1. Este es un poco el problema del huevo y la gallina; es un poco el problema del huevo y la gallina a partir de que se pierden los orígenes, pero una vez que se comprenden esos orígenes tiene una explicación más o menos simple. Las preguntas son: ¿qué es primero, la Sociedad o el Estado? ¿Quién hace al Estado?, ¿Lo hace la Sociedad o El Estado se hace a sí mismo? Esas serían las preguntas y las respuestas, que en la historia de la humanidad son diversas. Por ejemplo, hay dos respuestas curiosamente muy parecidas (en esta tarea de explicarse al Estado y la Sociedad), pero que aparentemente y seguramente a quienes leen se les dijo todo el tiempo, no sólo que no eran parecidas sino que eran contrarias: todo el siglo XX ha sido dominado por estas dos ideas formuladas por dos personas aparentemente en contradicción, pero que la verdad es que estaban ambas sosteniendo el mismo principio. Me estoy refiriendo concretamente a Keynes y a Lenin; uno que aparece como el teórico del Estado Socialista y de la toma de poder, Lenin, y otro que aparece como el Salvador del sistema capitalista, Keynes; ambos piensan exactamente lo mismo del Estado. ¿Qué es lo que piensan ambos del Estado?: piensan que el Estado hace a la sociedad. El planteamiento de Lenin era el siguiente, “si queremos construir el socialismo, primero tenemos que tomar el poder, apoderarnos del Estado”. Keynes decía: “si queremos desarrollar el sistema capitalista, antes tenemos que inducir al Estado a que realice las tareas necesarias para que la sociedad capitalista se realice”. Desde luego hay diferencia entre los dos, Lenin es un teórico de la política y Keynes un teórico de la economía, pero ambos, al teorizar política y al teorizar economía tienen una concepción del Estado y, esa concepción del Estado es que el Estado es antes que la sociedad, es primero que la sociedad, es la idea de que el Estado es capaz de hacer a la sociedad. Lo peor es que esta idea, más de lo que nosotros nos imaginamos, está muy metida en el seno de la sociedad. En la sociedad guatemalteca es una idea que prevalece y es muy difícil ahora hacerle ver a la sociedad que ella no es producto del Estado; es sumamente difícil hacerle entender a la sociedad que el Estado es el producto social, que el producto de la sociedad es el Estado y no la sociedad producto del Estado. Voy a poner un ejemplo, el que más circula y lo ve uno todos los días en los periódicos y los distintos medios masivos de comunicación: “Miren este gobierno en que pobreza nos tiene”, y esta aseveración en términos del pensamiento político es peligrosa, porque este gobierno no nos tiene en la pobreza como tampoco nos podría tener en la riqueza, este gobierno no nos tiene en la riqueza ni en la pobreza, además, es tan incompetente que no nos puede tener en ningún lado; pero la idea generalizada no es esa, y entonces, cuando uno milita en una organización política piensa lo siguiente: “Si nosotros gobernáramos acabaríamos con la pobreza, no habría pobres, se acabaría la miseria”. Pero ahí estamos en una posición muy peligrosa, porque el Estado, y más en estos días, tiene cada vez menos capacidad y (el gobierno en concreto) menos capacidad para resolver los problemas de la sociedad. La que puede resolver los problemas de la sociedad es sólo la misma sociedad. Vamos a tratar de explicarlo más despacio; lo que sucede es lo siguiente: como el pensamiento de Keynes y el pensamiento de Lenin están tan metidos en nosotros, incluso aún cuando es una minoría, probablemente menos del 0.1%, que conozca a Lenin y a Keynes. Sin embargo, fíjense ustedes cómo son las cosas, toda la sociedad piensa como lo dijo Lenin y como lo dijo Keynes (claro que de eso se han encargado los medios masivos, de difundirlo, en parte porque lo creyeron y en parte porque les interesaba difundirlo de esa manera), entonces la gente, sin saberlo, cuando habla del Estado está hablando de Lenin y está hablando de Keynes. Por eso en la última reunión, cuando alguien se me acercó y me dijo que las ideologías no han terminado “porque yo tengo mi propia ideología”, yo me sonreí y no le quise contestar debido a que se trataba de una respuesta tan larga, además que tampoco se la quise dar porque no era el lugar propicio.
El debe haber pensado que no le había contestado porque talvez había destruido mi argumento.. Lo que sucede y esa es la respuesta, es que ninguno de nosotros en lo individual puede tener ideología propia, porque la ideología es un concepto social; es decir, la ideología sólo la tiene la sociedad, una persona en lo particular posee ideas pero no tiene ideología propia; la ideología es un producto de la sociedad, es la idea que todos tenemos acerca de la misma sociedad (lo que la sociedad piensa de sí misma ); es una idea que nos penetra a todos, eso es la ideología. Marx decía que era la falsa conciencia o lo que nos separa entre la conciencia y el objeto. Entre conciencia y objeto hay una pared muy espesa que se llama ideología, que es el conjunto de ideas que ya existen acerca de las cosas que yo quiero conocer; yo no voy por eso directamente a la cosa. Por ejemplo: si alguno de ustedes vive lejos del mar, estoy seguro que cuando llegó por primera vez al mar ya conocía el mar, ¿por qué lo conocía? Porque alguien le platicó del mar; ese es un ejemplo, aunque un poco burdo de la ideología, o sea las ideas más generales acerca de las cosas. Nosotros no tenemos capacidad de ir a las cosas directamente, sino a través de la ideología. Repito: la ideología es el conjunto de todas las ideas que hay alrededor de las cosas y por eso es que individualmente no tenemos ideología propia, tenemos ideas. La ideología es el conjunto de ideas que tenemos como sociedad, de la propia sociedad. Muchos de ustedes dirán: “si yo jamás he visto al tal Lenin ni he leído al tal Keynes, ¿Cómo diablos dicen que yo pienso igual que Keynes o igual que Lenin? Porque esas son las ideas que han dominado acerca del Estado y acerca de la sociedad. Por eso, nosotros siempre creemos que si tenemos un problema, nosotros no tenemos ninguna posibilidad de resolverlo sino que tiene que venir una autoridad a resolverlo y, si nos va bien, que es gracias a esa autoridad que se nos resuelven los problemas, y, si nos va mal, que es responsabilidad de esa autoridad que no nos resuelve los problemas. Pero ahí, nosotros nos anulamos como individuos y como sociedad, porque pensamos que sólo somos sujetos de una acción externa y que la posibilidad de hacer cosas nos está vedada o no permitida. Por ejemplo, muchas quejas de las mujeres dicen “es que los hombres no nos dejan libertad”. Los hombres no deben dar libertad a las mujeres, la libertad tienen que construirla las mujeres, tienen que pelearla y hacerla todos los días; y es el mismo caso ya de hombres y mujeres frente al Estado, cuando dicen que las autoridades no les dejan espacio o no les dejan hacer nada, la verdad es que, creo, nunca han tratado de hacer nada sino que están esperando a que llegue papá gobierno y haga las cosas; y si el papá gobierno es como el actual, si es como éste, ya se los llevó el diablo.
El partido político con todas estas ideas es el partido viejo; cuando decimos el partido viejo nos referimos a la concepción del partido, porque a lo mejor ese partido viejo sigue siendo orgánicamente el mismo de hoy. El partido viejo es aquel partido que pensaba de esta manera: “miren muchá, si queremos cambiar las cosas, organicémonos, tomemos el poder y las cambiamos”; ese es el partido viejo. Nos organizábamos finalmente entre los cuates, nos organizábamos sectariamente como cuenta Alfonso Portillo que decían los comunistas: “no importa muchá, somos pocos pero sectarios”; entonces, nos organizábamos los cuates, los que éramos capaces de ocultarnos los errores unos a otros, los que éramos capaces de echarnos flores unos a otros, y los que nos íbamos a tapar, porque nuestro objetivo era llegar al poder y, repito, ya llegando al poder hacer todas las transformaciones que había que hacer. Esa es la concepción del viejo partido.
2. El nuevo partido no es una idea que se le haya ocurrido a alguien, que se haya reunido con un grupo de politólogos, que tiene un doctorado y haya dicho: “miren, por qué mejor no hacemos otros partido”; no fue eso. El nuevo partido se da porque las condiciones de la sociedad cambian y porque la sociedad plantea nuevas cosas. Cuando hablo de la sociedad, aquí, estoy usando el término más abstracto que se pueda usar, el término más abstracto quiere decir que no estoy hablando de la sociedad guatemalteca ni de la mexicana, ni de la costarricense, ni de la salvadoreña o norteamericana, sino en este caso, de la sociedad mundial; porque sucede que en una parte del planeta había ideas que privilegiaban el Estado y en la otra parte (que estaba en pleito con la primera) también se privilegiaba el Estado. Fíjense ustedes ¡qué cosa más curiosa! ¡por poco se destruye el planeta y en el fondo estaban pensando lo mismo! Que el Estado era el todo poderoso, pensamiento tanto del campo socialista y como del campo capitalista, y por poco, por poco, llegamos a la 3ª Guerra mundial pensando lo mismo. Entonces: el cambio en la concepción del partido es el cambio en las concepciones de toda la sociedad, en cuyo cambio tienen que ver:
a) Que después de por lo menos un siglo, todo el siglo XX, de encomendar nuestras vidas al dios todopoderoso del Estado, resulta que el dios todopoderoso del Estado no cumplió, y no cumplió aquí ni cumplió allá; no cumplió en el mundo capitalista ni cumplió en el mundo socialista; entonces, la sociedad le llama a cuentas y empieza a descubrir una serie de cuestiones del Estado. Le cuesta (porque la ideología es muy pesada), le cuesta descubrir lo más elemental: que el Estado es su creatura, y que el Estado es también un espejo. A la sociedad le cuesta verse en el espejo -como seguramente nos cuesta a muchos de nosotros aceptar que esa imagen, talvez fea, es la nuestra. Entonces, la sociedad cuando ve al Estado, ve algo muy feo, pero ese es su reflejo. Y a la sociedad le cuesta entender eso, le cuesta entender que cuando ve al Estado está viendo su reflejo; se ve a sí misma y le cuesta entender que todos los problemas del Estado son los problemas con los que ella lo creó. Claro, este proceso es muy largo, pero en la medida en que se va entendiendo, se es capaz de transformar el Estado y se es capaz de darle las tareas que son necesarias a la sociedad, pero también se es capaz de mantener una vigilancia permanente sobre el Estado.
El anterior partido era el que permitía que la sociedad, a través de un determinado proyecto, se hiciera capaz de hacerse cargo del Estado. La función del partido político es el de la transmisión que permite trasladar las necesidades que tiene la sociedad al Estado, pero también la que permite moldear el Estado de acuerdo a esas mismas necesidades; o sea entre la sociedad y el Estado de acuerdo a esas mismas necesidades. Entre la sociedad y el Estado y por razones que atormentaron sobre todo a J. J. Rousseau, que decía: “cómo es posible que se pueda hacer democracia directa si, por ejemplo, la sociedad no se puede juntar para gobernarse a sí misma toda ella. Es decir, si propusiéramos juntar a toda la sociedad cada vez que haya problemas, si la juntamos y le preguntamos qué opina de ese problema y lo resolvemos, entonces, tenemos resuelto el problema. Esto es terrible, porque no lo podemos hacer. Lo podríamos hacer a nivel de una comunidad pequeña, a nivel de Santiago Atitlán, que se juntan y toman decisiones, es sencillo; pero a nivel del país, incluso a nivel departamental, ya eso no es sencillo. Esa forma de democracia se convierte entonces en democracia representativa y, entonces, la sociedad va delegando en representantes lo que quiere. Pero esos representantes pueden ser excelentes y pueden ser pésimos y pueden terminar representándose a sí mismos, que es lo que ocurrió con el partido político. El partido terminó por representarse a sí mismo y entonces construyó un gobierno que también se representaba a sí mismo y se perdió la relación entre sociedad y Estado, lo que los politólogos reconocen como legitimidad. No hay legitimidad, aunque haya legalidad, porque el gobierno no representa al Estado y el Estado dejó de tener comunicación con la sociedad civil, y, además, los fines del partido fueron tergiversados a lo largo del tiempo. No sé si sirva de consuelo, pero éste no es el caso único de la Democracia Cristiana, este es el caso de todos los partidos políticos en el mundo, como dicen: mal de muchos, consuelo de tontos. En determinado momento como que este “tipo de descubrimiento” se comenta pero en voz baja, que nadie oye (“fíjense muchá que en el partido ese cuate se robó una plata, pero si lo denunciamos va a quedar mal el partido, y entonces que no se sepa, y miren se nombró una persona que su menor capacidad era para el puesto que lo nombraron, pero como es mi compadre y como para no desprestigiar al partido mejor nos quedamos callados…”). A la larga lo que se estaba haciendo era conspirando contra los partidos, porque se iban separando de la sociedad. Yo pienso -y aquí quizá estaría yo diciendo una regla de oro del partido nuevo, que me va a permitir después explicar la idea central- que el partido, como les dije al principio, no es un partido de grupo, no es un partido de secta, no es un partido de compadres, no es un partido de amigos, sino es un partido de la sociedad; y, por lo tanto, el interés fundamental es el de la sociedad y, quizás, esa idea que se dice fácil pero que cuesta llevarla a la práctica, todavía tenga resistencia, porque uno piensa (dentro del viejo partido): “este cuate debería ya ser diputado, si tiene 25 años de militancia, si éste era el que le cargaba la maleta a Vinicio Cerezo, si este le manejó durante mucho tiempo a Alfonso Cabrera, pobrecito, ya le toca ser diputado, (y pensamos así porque eso es humano y nosotros somos humanos); pero la verdad es que este cuate para lo que menos sirve es para ser diputado”. Este tipo de prácticas es muy difícil sacarlas de una organización, es lo primero que uno siente, siente dolor porque “si el delegado es el de más confianza, por qué lo vamos a cambiar. No importa que sea bolo y mujeriego, que le pegue a su mujer, pero es derecho, le tenemos confianza, nunca nos ha fallado… se robó unos quetzales, pero dice que los va a devolver, no sabe leer ni escribir, pero si ahí en el Congreso sólo se levanta la mano…”; entonces, todas estas ideas que las tenemos muy interiorizadas…; además, creemos que si le decimos al Secretario General, que tal cosa y tal otra, a lo mejor como este dice que es muy amigo del Secretario General, lo único que hacemos es quedar mal, y entonces se siguen alimentando este tipo de cosas y el partido no cambia. El problema que se da es que en el mundo, después de casi 80 años, en que, sobre todo los Estados Unidos decían que la mejor forma de organización era el capitalismo y que los soviéticos desde l905 decían que la mejor forma de organización era la socialista, ponían a prueba algunos de sus avances, los ponían a prueba en pequeñas guerras. Escogieron lugares, por ejemplo, escogieron el Medio Oriente; ese lugar les gustó mucho para poner a prueba quien era mejor; escogieron el Africa, sobre todo por las ventajas de que si alguna arma no salía bien, pues no se morían ellos; escogieron a Centro América y seguían probando, era como echarse pulsos. Eso se conoció como la guerra fría; no son más que los pulsos que se echaban los Estados Unidos y la Unión Soviética fuera de sus territorios, y nos hacían creer a nosotros que luchábamos por la libertad o que luchábamos contra el comunismo o luchábamos contra el Imperialismo; pero, en realidad, éramos campos de experimentación de sus ideas y de sus armas. Hubo un momento en que el grado de desarrollo de las armas y, sobe todo, de las ideas, ya no crecieron mucho; entonces, el grado de desarrollo de las armas ponían en peligro al planeta mismo, y de eso se dieron cuenta, afortunadamente. Entonces empezaron las primeras conversaciones y decidieron acabar con esa forma de amenazarse mutuamente; ahí fue donde se acabó la guerra fría. Al acabarse la guerra fría se desmontan muchos de los aparatos militares, pero también se desmontan muchos aparatos de propaganda y además se ponen al desnudo muchas de las ideas falsamente sostenidas; es por eso que un hombre de origen japonés, de apellido Fukuyama, dice que se acaban las ideologías porque si en nombre de un conjunto de ideas una parte del planeta quería destruir a la otra y de pronto se dan cuenta que las ideas son las mismas, entonces dicen: “lo que pasa es que todo este conjunto de ideas ya no nos sirven, entonces desmontémoslas también”. Nosotros ya estamos acostumbrados y esto es normal, porque ésta es la forma en que nos han enseñado: que cuando se desmontan los aparatos de la guerra fría lo primero que pensamos es que se desmontan los arsenales. Se desmonta la logística de guerra pero también se desmonta la logística de las ideas, se desmontan las ideologías.
Esto es un poquito más difícil de entender, por eso, repito, Fukuyama habla que el fin de la guerra fría es también el fin de las ideologías, y claro, esto nos cae como una pesada loza. Yo vi a una señora en México llorar amargamente, porque – me decía -: “Yo tengo a mi hijo hace 20 años en la guerrilla y ahora estos desgraciados de los rusos dicen que ya se acabó el comunismo y ahora ¿qué vamos a hacer? Y sabe ¿qué es lo peor?, que creo que tienen razón; y ahora, ¿qué va a hacer mi hijo, si ya no fue a la universidad?”. – “Bueno”, le dije, “ya encontrarán la manera de alargar las cosas un poquito más, en lo que se adaptan ” (y sí lo han alargado su rato). Entonces, éste es el problema del fin de la ideología. Pero ese fin de las ideologías afecta otras cosas porque esto es como cuando se viene un alud, el alud viene conformado de determinada naturaleza, de rocas, de nieve, pero en el camino se adhieren muchas cosas más; y este alud del que hablamos se ha llevado a los Estados y los Estados se han llevado a los partidos políticos. Por eso entonces se dice ahora: “Bueno, ¿en qué nos diferenciamos de los demás?”, y esto atormenta a mucha gente. Alguien dirá: “yo tengo 27 años de ser demócrata cristiano y ahora resulta que lo que hacen los demócratas cristianos es lo mismo que hacen los social demócratas, los liberales, los neoliberales, los conservadores, los neoconservadores, por el derrumbe de las ideologías; y entonces, esto aparece sobre todo como lo más difícil para comprender por nosotros: hacer cosas diferentes de lo que siempre hemos hecho. Eso es lo más común cuando alguien está haciendo cualquier cosa, metiendo un clavo, un tornillo, lavándose los dientes o peinándose, y alguien le dice: ¿por qué no te echaste este otro shampoo o mira por qué no te peinas con cepillo, por qué no clavas de esta manera?, entonces, generalmente, la respuesta es “así lo he hecho siempre”. En los partidos políticos esto es mucho más fuerte: “si siempre hemos hecho eso, ¿por qué vamos a hacer ahora otra cosa?”, “siempre nos mentábamos la madre con los del MLN, ¿por qué ahora nos vamos a abrazar?”, “¡eso no se puede!, si me viera mi papá o mi abuelo (que en paz descansen), me condenarían”. Pero lo que pasa ahora (y aquí les voy a dar el otro elemento del partido nuevo) es que nosotros ya no vamos a privilegiar lo que nos diferencia de los otros partidos políticos, nosotros vamos a privilegiar ahora lo que nos puede acercar a los demás partidos políticos, ¿qué es aquello que en el fondo siempre proclamaron nuestros más acérrimos enemigos, pero que nosotros también queríamos hacer?, y voy a poner el ejemplo más simple (y que en el camino se nos olvidó a todos en los partidos políticos): nosotros lo que queríamos era sacar adelante al país y probablemente todos los partidos políticos querían hacer lo mismo. Y en el camino, en vez de sacar adelante al país, creo que, entre todos, por nuestras disputas, lo hundimos en el atraso más terrible de toda su historia.
Todos estos elementos que parecen simples, como sacar adelante al país, podrían ser una clave para unirnos con los demás partidos. Ya señalé dos claves, y voy a señalar una tercera y que quizá debería ocupar el primer lugar: el ejercicio del poder. Yo no me había dado cuenta de lo importante que era hasta que hace poco me recordó Alfonso Cabrera que yo se lo dije hace un par de años. Yo no había reparado en lo importante que era, pero el ejercicio del poder no necesita elecciones, ni necesita de asumirse en el poder formal. Fíjense bien ustedes en esto: el ejercicio del poder no necesita de elecciones ni de estar encaramado en el ejecutivo o en alguna de las oficinas del palacio; el ejercicio del poder necesita de la posibilidad de poner de acuerdo a la gente en determinadas cosas que interesan a todos, y hacerlas. El ejercicio del poder debe empezar a ejercitarse desde hoy, y ésta es la primera clave del nuevo partido. Esto no quiere decir que ustedes ahora regresen a sus lugares de origen y se pongan a dar órdenes, no; regresen a sus lugares de origen y se ponen a hacer acuerdos, y si ustedes se convierten en aquellas gentes capaces de llegar a acuerdos, el poder políticos les va a llegar de rodado, les va a llegar solito; lo van a empezar a ejercer casi sin darse cuenta, porque el ejercicio del poder político no es el ejercicio de mandar sino es el ejercicio de consolidar, de poner de acuerdo, de juntar, de despertar lo mejor de la gente, las mejores capacidades y ponerlas al servicio de un fin, y hacerlo. Ese es el ejercicio del poder, y en la medida en que más capacidad tengan para el ejercicio del poder, tendrán más poder y el poder seguirá llegando, y el día de las elecciones lo único que harán justamente es ese requisito de las elecciones, pero el poder ya estarán ejerciéndolo, ya sabrán los resultados de las elecciones. Por eso es que en el partido nuevo también hay nuevos conceptos y muy claros, aquí no debe haber ninguna duda, aquí no debe haber por ejemplo aquella idea de que me inscribo en el partido para ver si ganamos y si ganamos tomamos el poder y si tomamos el poder hacemos tal cosa, y mi compadre y yo nos enriquecemos. ¡NO!, ese no es el propósito. El problema es que para poder concertar necesitamos el aval de un partido político que esté más cerca de nuestras aspiraciones (en este caso la Democracia Cristiana) y que ese partido político nos va a permitir ponernos de acuerdo con la gente en determinadas cosas, y hacerlas; y cada vez más, vamos a tener enfrente de nosotros menos enemigos y cada vez más a la par de nosotros más amigos; y esa capacidad que sea reconocida por todos; esa capacidad, nuestra capacidad de ejercer el poder, empieza a darse entonces. De esta tercera norma o regla, el poder no emerge, como decía Mao, del cañón o de los fusiles, ni tampoco como dirían los clásicos de los partidos políticos, de las elecciones. Ni emerge del fusil ni de un cañón ni de las elecciones, sino, repito, emerge de la capacidad de unir voluntades y de hacer cosas; todo lo demás, entonces, sólo es lo que permite legalizar el poder, que ya se encuentra legitimado.
Creo que para muchos de ustedes, a lo mejor, todavía no es muy claro, no es muy comprensible todo lo que pasa. Es que como no tenemos buena memoria en Guatemala y como no registramos muchos de los hechos, todavía no se han puesto a ver la diferencia entre el 15 de enero de l991 y este día de l993. Para el partido Democracia Cristiana Guatemalteca, el 15 de enero de l991 era un día terrible porque había perdido el poder en los comicios electorales; pero hoy, es un buen día para la Democracia Cristiana porque comprendió que, si tiene esa capacidad a la que yo me refería, puede empezar a ejercer el poder; y, cuando ustedes vean ahora al Secretario General de la Democracia cristiana van a entender con más claridad, por qué es que tiene poder y por qué lo tiene habiendo perdido las elecciones.
Y esto, entonces, debería repetirse en cada localidad, en cada municipio, en cada comunidad, en cada lugar donde estemos, porque también esto nos va a permitir resolver otros problemas, resolver los otros dos problemas que ya había yo mencionado antes. Si tenemos el poder no vamos a esperar las elecciones para ejercerlo, lo que no quiere decir tampoco que no vayamos a elecciones, porque también tenemos que legalizar el poder. Fíjense bien en la diferencia entre legalizar el poder y alcanzar el poder; es crucial, no vamos a alcanzar el poder sino vamos a legalizarlo. Esto, entonces, nos va a permitir que tengamos más abiertas las posibilidades de los acuerdos y que tengamos más capacidad para combatir el sectarismo y combatir los vicios internos; porque, en la medida en que concertemos y acordemos con otros sectores de la sociedad, en esa medida vamos a ir reconociendo sus capacidades, y de esa manera vamos a ir diferenciando las capacidades de nosotros y las de los otros partidos, de las capacidades que hay en el seno del partido. En esa medida, entonces, vamos a poder adjudicar cargos a gente que no siendo de nuestro partido, tenga la capacidad para ejercerlos y tenga mejor capacidad quizá que nosotros mismos.
Este es el momento entonces de ir a una cuarta reflexión – sobre el partido nuevo. Un letrerito, aquí a la vuelta, dice que hay que reconocer lo que hay que cambiar y que se pueda diferenciar entre lo que se puede cambiar y lo que no. Esto es lo que se nos presenta como el 4º Problema; va a ser difícil reconocer qué es lo que tenemos, lo que tenemos como partido, lo que tenemos como sistema de partidos políticos. Quiero contarles que al Secretario de la Democracia Cristiana le preocupa la posibilidad de que se desintegre la UCN; a él le preocupa el sistema de partidos políticos; él ya dio un paso clave que mencionaban los teóricos del Estado: que el Estadista se debe colocar por encima y por afuera, porque entonces ya tiene todo el panorama. Colocarse por encima quiere decir que atiende a todos los problemas del sistema político, y colocarse por afuera quiere decir que no agarra como suyo el problema de un grupo. Entonces, reconocer lo que tenemos como partido, reconocer lo que tenemos como sistema de partidos políticos, reconocer lo que tenemos como país, reconocer lo que tenemos como Centro América, reconocer lo que tenemos como latinoamericanos, no es sencillo. Sobre todo, darnos cuenta de las grandes carencias, porque no sólo la Democracia Cristiana tiene carencia de cuadros, también los otros partidos políticos carecen de cuadros. Derivado de ello, inmediatamente, ¿qué debemos hacer?: tenemos que elevar la capacidad de nuestros militantes y llevarlos a la categoría de cuadros políticos. Hay que prepararse y hay que elevar la calidad de los militantes, antes que improvisar a cuadros políticos porque no hay. Ahora los cuadros políticos ya no se pueden improvisar, no se pueden improvisar, porque la sociedad nos va a bajar a sombrerazos si llegamos al poder. No podemos improvisar, repito.
Creo que aquí podríamos arribar rápidamente a una 5ª Conclusión: ¿qué papel le corresponde a un partido político moderno que está todos los días accediendo al poder, que todos los días cobra una cuota de poder, pero que no ocupa el poder central del ejecutivo? ¿qué papel le corresponde a ese partido, a ese partido moderno, evidentemente?. Ese papel es muy circunstanciado; la primera vez que se hizo la reflexión se llenó con la respuesta que cualquiera da de inmediato: es un partido de oposición, lógico; si el partido no ocupa el gobierno está en la oposición, esa es una respuesta lógica; pero aquí habían dos preguntas más: la primera, ¿cómo va a estar en la oposición si además está construyendo el poder y ocupando parte del poder aunque no sea el del ejecutivo?, y la segunda, ¿en qué consiste la oposición?. Lo primero queda bien claro: el partido moderno construye el poder todos los días, esté o no esté en el ejecutivo, porque el poder no se circunscribe al ejecutivo, y la oposición no es la sistematicidad de oponerse a todos los actos del ejecutivo sino que es la capacidad de construir su propio proyecto y exigir a todos los que participan en el poder político que lo ponga en ejecución. Hacer la oposición significa construir el proyecto del partido y tratar por todos los medios que quienes ejercen el poder (estén en la posición en que estén) ejecuten las líneas de ese proyecto. Claro que aquí tenemos un problema: ¡tenemos que hacer el proyecto, porque, ¿qué le vamos a exigir que haga a este gobierno si no sabemos nosotros qué es lo que hay que hacer? ¡Nosotros debemos saber qué es lo que hay que hacer en cada una de las líneas inherentes al ejecutivo y a la toma de decisiones! Por ejemplo, cuando se hable de privatización, nosotros debemos tener una respuesta y saber si eso es lo que queremos o si eso es lo que no queremos, y debemos tenerlo muy claro todos.
Cuando se hable de educación debemos tener una idea muy clara de lo que queremos con la educación, muy clara para poder oponernos a lo que no se haga e impulsar lo que debe hacerse de nuestro proyecto educativo. Cuando hablemos de relaciones internacionales y nos opongamos a ellas, debemos hacerlo interponiendo nuestro proyecto de relaciones internacionales y saber dónde estamos, porque a lo mejor muchos creemos que estamos de tú a tú con los Estados Unidos y a lo mejor lo que tenemos que hacer es insertarnos dentro de determinado proyecto y saber cuáles son las reglas de ese proyecto y saber para dónde debemos movernos. Y cuando hablemos de economía debemos saber cuáles son las grandes reglas económicas y si en verdad existe el neoliberalismo o si sólo son gritos que se dan en las grandes concentraciones, porque a lo mejor el neoliberalismo no existe. En todo caso, debemos saber qué es, con qué se come y saber si nos tenemos que oponer a él y por qué, y si tenemos que apoyarlo y por qué. Así, cuando hablemos de cualquier situación donde la decisión del Estado va a ser manipulada, debemos oponernos a todo aquello que atente contra nuestro proyecto político pero debemos apoyar todo aquello que lo beneficie. Claro que hay que trabajar mucho.
Quizá también nos habían dicho en el viejo partido que hacer política era una forma de trabajar menos, porque también esa es la nueva circunstancia del nuevo partido político: en el nuevo partido político hay que trabajar más.
Y lo último que voy a poner en 6º Lugar, porque la verdad, así como nos salieron 6 reglas nos pudieron haber salido 60, lo importante es tener muy clara la diferencia entre lo que es la política y lo que es la economía y lo que es la sociedad. Cuando hablemos de política, hablemos de política, cuando hagamos política, hagamos política, pero no la mezclemos con la economía; porque si queremos hacer economía hagamos economía y estudiemos economía y fortalezcamos nuestro conocimiento de la economía, pero no la mezclemos. Probablemente nuestros altos dirigentes tengan que hacerlo por la necesidad que se impone en el nivel de sus ejecutorías; pero ni los cuadros más calificados deben confundir los términos ni tampoco los deben confundir en el trabajo partidario, y creer que hacer política es hacer negocios, tampoco es correcto. Hacer política es hacer política, si quieren hacer negocios probablemente hay canales en el partido donde los ayuden a canalizar sus inquietudes como empresarios.
*Conferencia sustentada ante los Secretarios Generales departamentales del Partido Democracia Cristiana Guatemalteca, en IGESP (Instituto Guatemalteco de Estudios Económicos Políticos y Sociales). Guatemala, 13 de marzo de l993.
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